UN PAISAJE GRIS
Este texto se extrae del relato de Thyr y, tanto este como subsecuentes textos, pueden tener o no seguimiento directo con las entradas del blog que están antes o después de los mismos. Gracias a quienes han dejado sus comentarios, los cuales contestaré con gusto.
UN PAISAJE GRIS
El sol se levantaba tímidamente al este, y su marea de luz anaranjada y amarilla coloreaba las nubes del firmamento con matices, desbordándose sobre las copas de los árboles, tiñéndolos de diferentes colores cobrizos a medida que avanzaba por el día. Las nubes que corrían presurosas en el cielo parecían huir de aquellos parajes, alentadas por el viento matinal. Mientras caminaba entre los helechos y los matorrales, los insectos inundaban la atmósfera con sus chirridos y el batir de sus pequeñas alas, que en la inmensa calma y el abrumante silencio que sostenía el bosque, hacían sentir que los ruidos prevenían de todos lados al rebotar en cada tronco y cada roca resonando una y otra vez hasta perderse entre la espesura de los pinos.
Sus pasos retumbaban en el ambiente al abrirse camino entre las hojas que habían varado en el suelo, acompañadas con frutos secos y ramas quebradas. Vio un paraje que se abría después de que una multitud de árboles perdía espesura y en éste un puñado de fogatas apagadas. Llegó cerca de ellas y se aproximó a un grupo de hombres apretujados unos contra los otros, de los cuales unos diez estaban despiertos y los demás aún intentaban despabilarse, iban vestidos con cotas de malla cubiertas por unas camisolas grises que portaban águila con las alas desplegadas y la cabeza de perfil, el Águila de Gar’dulmar, en el pecho.
—No te alejes tanto – dijo Thyaroz, mientras le lanzaba una pequeña bolsa de tela amarrada con un lazo de lino—, come un poco pues levantaremos el campamento pronto y con suerte nos uniremos a nuestros hermanos que están más hacia el noreste, más allá de este pequeño bosque. Necesitamos llegar hoy antes del anochecer, antes que los refuerzos del enemigo lleguen y nos encontremos en franca desventaja —farfulló mientras amarraba una espada larga a su cintura y colgaba en su hombro derecho un pesado escudo de madera con rebordes metálicos tachonados y que ostentaba en el centro la misma águila que portaban en el pecho pintada.
Le alcanzó un cubilete de madera a Laethar y le sirvió un brebaje que portaba en un cuero de ciervo para después, sin miramientos, beber directo del bule.
—Toma con calma, chico, esto te ayudará a despejar la mente y te desperezará el cuerpo. Vamos que se hace tarde —Laethar sintió como el licor raspaba contra su garganta, pero su sabor y olor penetrante le hicieron recobrar los ánimos.
En silencio, el grupo de hombres se levantó del suelo terregoso y comenzaron la marcha. Algunos de ellos no cargaban escudos ni espadas, sino que cargaban arcos o ballestas, mientras otros tantos iban montados a caballo. Todos en total sumaban unos quinientos hombres.
Al frente de ellos iba uno que seguramente era el líder, pues portaba, en vez del camisón de tela, un pesado peto de placas de acero lustrado y brilloso que cubría con una capa para que no brillara a contra luz y evitar así llamar la atención, cosa difícil de hacer con un contingente tan voluminoso.
Caminaron por el bosque durante varias horas hasta que los árboles comenzaron a dispersarse. El calor del día atormentaba a Laethar bajo la cota de malla y no imaginaba cuánto estaría sufriendo aquel hombre con la armadura completa; seguramente estaría asándose como un trozo de pescado ahumado. La espesura de los árboles y los pesados arbustos dejaron libre el paisaje para tímidos helechos rodeados por pastos cortos y verdes, con pequeñas depresiones que daban variedad a aquellos parajes.
Era difícil mantener la marcha después de cerca de seis horas de caminata sin descanso, mas con tanta indumentaria a cuestas. Los pies le punzaban y las piernas le temblaban del cansancio, quizá aquella caminata en el bosque –pues no podía dormir – le había hecho una mala jugada. No había descansado. Ahora los ojos le dolían y la cabeza se le ladeaba del sueño. Le era imposible mantenerse de pie y con un mal paso, tropezó y comenzó su descenso. Estaba cayendo.
Thyaroz que se encontraba junto a él en la compañía de soldados que iban a pié, logró ver como se tambaleó, trastabilló y comenzó a caer. Dio un paso largo y tomándole por debajo de los brazos logró evitar que golpeara en el piso como un árbol talado por un leñador.
—¿Estás bien? —le preguntó Thyaroz mientras le daba de beber nuevamente con su cuero de ciervo al tiempo que lo sentaba en el suelo. Laethar tragó dificultosamente y volvió abrir los ojos. —Levántate poco a poco, no te apresures —le ayudó a reincorporarse y seguir la caminata.
Después de ese incidente comenzó a caminar con más pesadumbre en los pies y con más dudas en cada paso que daba, sentía como si nuevamente estuviera aprendiendo a caminar, el paisaje daba vueltas y se sentía desorientado. Pero estaba determinado a no quejarse ni mucho menos volver a caer.
Luego de otro par de horas, el aburrido paisaje cambió, se tiñó del azul claro y se ambientó del suave correr de un tímido riachuelo que atravesaba la pradera. La compañía entera se detuvo por unos instantes a beber y refrescarse del agua que corría por aquel torrente azul, se lavaron y se dispusieron a seguir con la caminata. El agua seguramente le había reanimado el alma a Laethar, pues la pesadumbre de los pies se le había olvidado, pero el sol que caía frente a ellos no le hacía las cosas más sencillas.
—¡Hombres! —gritó quien vestía con armadura completa e iba al frente, su pelo cano se dejaba bañar en los rayos dorados del sol que se colaba entre las nubes—. Estamos a no más de un par de horas de reunirnos con nuestros hermanos que tuvieron la desdicha de encarar al enemigo y quiero que todos den lo mejor de sí. Las cosas no serán fáciles, pero si apresuramos el paso podremos llevar la ventaja a nuestro lado. No sabemos qué estrategias siga el enemigo, pero seguro podremos con esa escoria.
»Ahora —cerró los ojos, tomó aire y levantó el brazo derecho empuñando la mano y volvió a abrir los ojos— deberemos ser implacables y no mostrar temor ni debilidad en ningún momento. Debemos infundirles un miedo tal, que saldrán corriendo al momento de vernos a los ojos—. Aquel hombre volvió su brazo derecho hacia su cintura y desenvainó una espada que traía colgando y la levantó apuntando hacia el horizonte— ¡Vamos!
Los pasos caían como gotas de lluvia sobre el concierto de chispas y reflejos de matices dorados en que se había convertido aquel riachuelo. Laethar sintió que la fuerza poblaba su espíritu y siguió caminando, dejando de lado el cansancio y el horror que suponían para él el simple hecho de seguir despierto. No era de extrañarse, pues aunque fuese hijo de un gran guerrero, él jamás había vestido indumentaria de guerra, ni mucho menos había caminado tanto en toda su vida. Al menos no en un sentido tan riguroso y con tan poco descanso.
Más delante del valle adornado con piedras sobre las que discurría el riachuelo, se distinguía un paraje yermo y sin vida, había un pequeño cerro que terminaba en una depresión, una suerte de desfiladero donde los pastos grises que habitaban más allá del riachuelo, tenían miedo de crecer. Al parecer solo las piedras se daban el lujo de habitar en aquel paisaje desolado.
Allí llegó la compañía de Laethar y se detuvieron estupefactos para presenciar lo que acontecía en ese paisaje desalentador:
Se desencadenaba una cruenta batalla entre una multitud de hombres vestidos como Laethar y una cantidad de criaturas horrendas, que profanaban gritos, chillidos y gruñidos al abalanzarse sobre su enemigo, o caer al suelo pesadamente; Vestían precariamente, apenas con unos pedazos de pieles y blandían en sus manos pedazos de madera, huesos o armas roídas por la herrumbre.
Cuando salieron del estupor de aquella primera impresión, siguieron corriendo, dejando a la compañía dividida en varios contingentes: la infantería, la caballería y los arqueros y ballesteros. Los primeros se unieron a la fila de hombres que sostenían la hueste enemiga a raya; los que podían atacar de lejos, lo hacían intentando evitar que una masa mayor de enemigos chocaran contra su primera contención; mientras que los que iban montados –un pequeño grupo de apenas cincuenta jinetes– eran los únicos que contaban con esta ventaja del lado de Laethar, montaron a toda velocidad y en una pequeña abertura entre sus hombres, arremetieron de tal manera que sus enemigos parecían aquel leve rocío que brota del pelambre de un oso cuando se quita la humedad de encima.
—¡Los Hombres de Henneden! —gritó uno de los que ya estaban en el campo de batalla, apuntando hacia aquel hombre de armadura que llevaba el liderazgo del grupo de hombres entre los que están Laethar y Thyaroz y con renovados bríos chocaron sus escudos en contra del ejército enemigo.
Estaban en franca desventaja numérica, pues fácilmente aquellas viles criaturas los superaban en proporción de tres a uno, sin embargo aquellas fuerzas carecían de estructura o estrategia. Henneden era reconocido por esto mismo, era un estratega brillante y sabía aprovechar las ventajas de sus fuerzas y explotar al máximo las debilidades del enemigo, cosa que no dejaría de hacer en esta batalla.
Los caballos siguieron haciendo mella en la hueste enemiga, a quienes aplastaban como hojas caídas en un bosque otoñal. Atravesaron al primer bloque de infantería enemiga y se dispusieron a desarmar el bloque de precarios arqueros que se erguía ahora frente a ellos, éstos al ver la armadura reluciente de Henneden empapada de dorado creyeron ver que se envolvía en fuego y aterrorizados soltaron sus armas y dando media vuelta huyeron como si fueran perseguidos por el demonio mismo.
La tímida línea de hombres que impedía que el enemigo avanzara sintió alivio al ver a los arqueros correr y comenzaron a empujar al enemigo con los escudos para luego estocarlos con sus espadas y poco a poco los fueron aminorando, hasta que solo unos pocos quedaron. Intentaron huir, pero la caballería se les venía de frente y terminaron con ellos tan pronto que para cuando el sol se escabulló entre las montañas, Henneden y sus hombres ya estaban preparando una empalizada, montando un pequeño campamento en lo alto de un cerro que dejaba ver en derredor de aquel desfiladero de piedras grises, ahora con retoques carmesí de la sangre del enemigo.

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Me gustaron las descripciones, todas muy puntuales. Sólo de repente hay unas frases demasiado largas
Gracias, supongo que tiene sus errores, es un texto sin editar de hace unos tres años. Yo supongo que iré poniendo más relatos y algunos más recientes.
Wow, me sentí en la trama, pero me pare y me sacudí el polvo, jajaja! con algunas palabras que a mi punto de vista sean reemplazadas y se leyera mejor. Sigue así e iras mejorando cada vez.
Qué bueno que te gustó, igual es un texto prácticamente sin editar -y creo que nunca se editará
- y pues sí, a ver cómo van saliendo los demás capítulos.
Gracias.
Me envolviste igual en la trama. Muy buena descripción, considero igual que algunas palabras deben ser reemplazadas. Por cierto, lo de los ballesteros lo dejo a tu consideración, porque a lo que estoy leyendo es un relato tipo épico y en se supone que era en la Edad de Medioevo, no? ¿en esa época, utilizaban ballestas? Hasta donde yo sé, solamente espadas, escudos, mazos, hachas, lanzas, huesos, piedras, palos, catapultas y arco y flecha.
Gracias por el comentario, intentaré mejorar en los próximos extractos que escriba.
En cuanto a las ballestas, se hace referencia a ellas desde el año 500-300 A.C. Es muy posible que en las guerras del medioevo hayan utilizado estas, sobretodo “escorpiones” que eran la versión grande de las ballestas, utilizadas como armas de asedio.
Me gusta mucho la literatura épica. También la ciencia ficción. De hecho, practico con ambas, quizá algún día podamos intercambiar textos (justo esta semana empecé la corrección de … bueno, no importa).
El autor siempre tiene la mejor opinión, así que puedes pasar por alto todos mis comentarios.
A) Demasiados adjetivos. Hay al menos nueve en el primer párrafo y no es un párrafo tan largo. Obviamente, la descripción precisa de adjetivos, pero por momentos, estos abruman.
B) Los personajes se ausentan. Incluso para ser un texto preliminar, resulta un poco complicado dilucidar sobre quién versa la historia (el soldado o el capitán). Hasta en los textos más pequeños eso debe esclarecerse, no se puede dar por sentado.
C) Inverosimilitud. Es un poco difícil esperar que un ejército enemigo numeroso (con la ventaja de tres a uno) huya despavorido y termine siendo arrasado con un contingente de refuerzos por ágiles y fuertes que estos sean. Quizá las criaturas pudieron haber dado más batalla.
Me gusta la idea del soldado inexperto que va sufriendo antes de ir hacia su primera batalla. Creo que ése debió ser el hilo conductor de todo el pasaje. Si vas a desarrollar ese aspecto, creo que agregaría mucha tensión dramática a la historia. Estamos acostumbrados a ver las proezas del héroe, pero poco a notar el sufrimiento del soldado. Disfrutaría mucho leer cómo ese joven inexperto ve el fragor y el horror de su primera batalla, cómo la adrenalina le ayuda a olvidar el cansancio y lo empuja a la supervivencia, etcétera.
Al ser épica fantástica (así me lo parece) ni de qué preocuparse por qué armas tiene tal o cual bando mientras tu historia pueda argumentar su existencia. Me parece un detalle menor.
Quizá el hecho de ser un texto preliminar también permita que quede a deber en cuanto a la disposición del contingente. Yo hasta el final me enteré que había caballería, que fue la que finalmente otorga la victoria.
Me gusta la idea, los nombres de los personajes, la historia subyacente, creo que tiene mucho potencial.
Si este texto tiene tres años, como comentas, no lo dejes dormir más. Te lo digo por experiencia. Llevo más de un año trabajando con un texto del mismo género y lo retomo después de más de seis meses, y aunque sé lo que hay ahí dentro, resulta complicado volver a empaparse no sólo de la historia, sino del estilo usado para el texto. El autor va mudando el estilo inconscientemente, así que cuando empieces a dedicarle más tiempo a tu historia, trata de no darle más vacaciones de las absolutamente necesarias.
Suerte! Éxito! Ojalá podamos leer más de esto en el futuro.
Saludos! =)
Muchas gracias, supongo que dejé muy vagos algunos detalles de la batalla, intentaré nutrir ese aspecto más para dejar más en claro por qué fue que perdieron tan fácil siendo que tenían tanta ventaja numérica. -más que nada por la experiencia de Henneden y la forma en que atacaron al enemigo-
Aún así, gracias por las anotaciones e intentaré remediar lo que pueda ser remediado. Espero en unos días más tener otra pieza del relato lista, aunque no irá necesariamente ne consecuencia directa a este texto.
Te lo dije hace tres años, y te lo diré ahora.
Estás muy influenciado por Tolkien, y eso es bueno, pero a la vez malo.
Necesitas encontrar tu propio estilo.
El texto, tengo mis impresiones, aunque de pronto me parece que le das demasiadas vueltas al asunto antes de comenzar con la acción. Para la época moderna, este tipo de narrativa resulta contradictoria, pues aunque la historia te interese, terminas perdiéndote con tanta paja.
Aún así, me gusta.
Gracias, intentaré mejorar eso en el futuro y claro, la imitación es la mejor forma de adulación hacia el maestro Tolkien. Además, espero encontrar mi estilo y veamos qué sale después.
Aunque ya te dijeron creo que lo básico me gustaría recalcar algunas cosas:
1.- Problemas con acentos. (como por ejemplo los “mas”)
2.- Hay un párrafo en el que dices [...]cerca de seis horas de caminata sin descanso[...] y un renglón después vuelves a decir [...]No hay descanso[...] Es repetitivo.
3.- Deberías encontrar un sinónimo para “parajes”
4.- Algunos problemas en signos de puntuación. (como por ejemplo: [...]Le era imposible mantenerse de pie y con un mal paso, tropezó y comenzó su descenso[...] Esa coma no va ahí).
5.- Deberías buscar un sinónimo de caminar y de caminata. Son muy repetitivas ambas palabras.
6.- Creatura y criatura son correctos, pero es más formal creatura ya que es el término original que viene de “crear algo”, se fue deformando y convirtiéndose en criatura como un término coloquial. Para un texto de esta corte quedaría mejor visto “creatura”.
El fin de semana repasaré -como lo hice hoy con la vista- la redacción de este extracto y corregiré esos detalles como los que me han señalado más arriba. Gracias por tu comentario.
Obviamente este extracto ha tenido prácticamente nada de trabajo editorial, por lo tanto sé que está plagado de errores -como lo estarán los demás que suba- pero echando a perder se aprende.