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	<title>Las sobras de @robsainz</title>
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		<title>Las sobras de @robsainz</title>
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		<title>CASCOS EN LA OSCURIDAD</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Mar 2011 23:36:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rob</dc:creator>
				<category><![CDATA[Thyr]]></category>

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		<description><![CDATA[Este texto se extrae del relato de Thyr y, tanto este como subsecuentes textos, pueden tener o no seguimiento directo con las entradas del blog que están antes o después de los mismos. Gracias a quienes han dejado sus comentarios, los cuales contestaré con gusto. CASCOS EN LA OSCURIDAD Harad montaba presuroso por un paisaje [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=robsainz.wordpress.com&amp;blog=3470035&amp;post=83&amp;subd=robsainz&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><em>Este texto se extrae del relato de Thyr y, tanto este como subsecuentes textos, pueden tener o no seguimiento directo con las entradas del blog que están antes o después de los mismos.</em></p>
<p><em>Gracias a quienes han dejado sus comentarios, los cuales contestaré con gusto.</em></p></blockquote>
<h1 style="text-align:center;">CASCOS EN LA OSCURIDAD</h1>
<p style="text-align:justify;">Harad montaba presuroso por un paisaje lleno de árboles y bajo una luna impávida, llena y luminosa. La maleza parecía abrirle el paso y las ramas de los árboles apenas y osaban tocar su cuerpo o el de su caballo. En la oscuridad, sólo los cascos de su montura resonaban. La brisa húmeda rociaba su rostro coronado por un capuchón gris y su mirada estaba fija hacia adelante. No quería ni imaginar qué venía detrás de él, mucho menos ver.</p>
<p style="text-align:justify;">Su imaginación le hacía jugarretas, por el rabillo de los ojos creía ver otras monturas sombrías con jinetes que levantaban sus espadas amenazantes o apuntaban con arcos hacia él, pero cuando hacía el esfuerzo de voltear a verificar, las formas se difuminaban con las sombras que la luz de la luna llena proyectaba a su alrededor. Sabía que estaba solo, solo con su caballo, pero el temor sugestionaba su mente y creía escuchar cascos, pisadas y voces. Golpeó los costados de su caballo deseando que galopara aún con más celeridad.</p>
<p style="text-align:justify;">Atrás dejó aquel tumulto de árboles en los que unas noches atrás habían acampado, casi podía recordar en qué lugar había tomado asiento para descansar pero eso no tenía importancia. Debía cabalgar, cabalgar como nunca lo había hecho y como quizá nunca lo hará jamás nuevamente. El paisaje cambió, de un pasto casi inexistente a un manto frondoso y verde, suave para una cabalgata más tranquila y silenciosa, unos cuantos arbustos aquí y allá, lo más importante es que podía ver qué había delante por un kilómetro, quizá más.</p>
<p style="text-align:justify;">No sabía si el temor que lo invadía le hacía jugarretas, según sus cuentas ya debería haber amanecido, pero aún así parecía que el sol simplemente se negaba a salir y ahora que tanto necesitaba la luz del sol, sentía escapar la fuerza de sus manos y le era cada vez más difícil asirse de las riendas de su montura. Sentía un frío que le hacía encorvarse sobre la silla de su caballo.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>¿Por qué hace tanto frío?</em> Frente a él tenebrosos dedos blancos hechos de bruma y neblina comenzaban a ocultar el horizonte y Harad no tenía más remedio que cabalgar hacia ahí. No sentía los dedos de las manos.</p>
<p style="text-align:justify;">A medida que avanzaba la visibilidad se le iba acortando hasta llegar el punto en que no sabía si seguía avanzando, pues solo veía blanco por todos lados. La humedad de la neblina hacía que la cara le doliera y aunque trataba con fuerza de contenerse, no podía evitar tiritar y los dientes ya le castañeaban. Nunca en su vida había sentido tanto frío.</p>
<p style="text-align:justify;">No podía siquiera imaginar qué les había pasado a sus compañeros, pero no podía ser nada bueno, nunca se había visto que Henneden mandara un jinete de vuelta y eso significaba una cosa: nadie sobreviviría salvo él y en él residía la única esperanza de que todos Gar’Dulmar sobrevivieran. El pensamiento le revolvía el estómago, pues si bien recordaba no había muchos soldados que pudieran defender la ciudad, casi todos los que estaban aptos para luchar habían sido mandados junto con él o con el contingente anterior.</p>
<p style="text-align:justify;">La única forma en que podía ser de ayuda es si llegaba primero a alguno de los puestos de vigilancia que había en el camino y mandar aves mensajeras no solo a Gar’Dulmar, sino a las ciudades cercanas solicitando refuerzos y evitar que el enemigo siguiera avanzando. También había que desalojar la ciudad, pues era el punto de entrada desde estas regiones y si el ejército opositor pretendía seguir avanzando, la única forma era aplastar su ciudad natal con todos quienes la habitaban.</p>
<p style="text-align:justify;">Los pastos dieron pié a otro bosque y las formas ominosas de los árboles retorciéndose entre la bruma no hacían nada para alentarlo a seguir adelante, pero si no había perdido el sentido de la orientación entre la neblina, no faltaría mucho para llegar al primer puesto de vigilancia, ahí de seguro encontraría cobijo, comida y las aves que necesitaba para hacer llegar su mensaje más rápidamente.</p>
<p style="text-align:justify;">Poco a poco el suave terreno se fue tornando más duro a la vez que pasaba por una hondonada donde los árboles se fueron dispersando poco a poco y con ellos la neblina se disipó lo suficiente para dejarle ver el terreno que tenía en frente. El trote de su caballo había disminuido considerablemente teniendo oportunidad de abrir y cerrar las manos sobre las riendas en lo que subía una ladera y descubrió con un poco de alivio que seguía teniendo sensibilidad en las manos.</p>
<p style="text-align:justify;">Ya no faltaba mucho para llegar, en la cima de esa pequeña depresión pudo ver con claridad el puesto de vigilancia conformado por una cabaña adjunta a una torre de no más de cinco metros de altura, rodeada por una empalizada con dos aberturas para permitir el paso de un precario camino que iniciaba un poco antes de llegar a ella y que solo se distinguía del terreno salvaje por unas pocas huellas que habían dejado en su camino hacia el norte.</p>
<p style="text-align:justify;">Propiamente dicho era la primera barrera de contención, si así se podía denominarsele, para estas tierras olvidadas y temidas desde hace mucho tiempo. Los ancianos cuentan terribles historias de tierras norteñas en donde cosas extrañas pasaron en tiempos pasados y sirven bien para asustar o entretener a los más pequeños. Muchos dicen que, para bien o para mal, todas estas historias habían pasado a ser simples cuentos de hadas y, con el pasar de las generaciones, se le añadían o sustraían cosas para adaptarlos, para hacerlas más interesantes o aterradoras.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo cierto es que ahora muchos piensan que esas historias son solo eso, cuentos para niños, pensados para entretener y quizá por ello estos puestos de vigilancia habían quedado casi en el olvido y sus murallas empalizadas habían sido devoradas por la naturaleza desde hace varias generaciones..</p>
<p style="text-align:justify;">La puerta norte, por la que él entraría, estaba abierta de par en par y una de las antorchas que le daban la bienvenida estaba apagada. La cabaña tenía sus cimientos de piedra caliza y al ir subiendo se conformaba con pesados troncos, las ventanas que veían a los cuatro puntos cardinales estaban cerradas y no se veía señal de movimiento en la torre de vigilancia.</p>
<p style="text-align:justify;">Desmontó, se acercó a la puerta de la cabaña y tocó tres veces. No hubo respuesta. Recargó la mano izquierda sobre ella y mientras la abrió desenfundó su arma con la otra mano. Entró con espada en mano, dispuesto a todo, pero extrañamente no encontró a nadie, las cosas que había dentro no describían señal alguna de violencia. Nadie respondía a sus llamados.</p>
<p style="text-align:justify;">Paso a paso, lenta y cautelosamente recorrió la cabaña pero ninguno de los cinco vigilantes estaba a la vista. <em>Las aves mensajeras</em>, pensó y presurosamente tomó unas hojas, pluma y tinta para escribir los mensajes. Cuando terminó subió los estrechos escalones de la torre de dos en dos y, luego, con toda la prisa que le permitía su indumentaria, trepó las escaleras hasta llegar al punto más alto de la torre. La jaula estaba vacía, abierta y los depósitos de comida para las aves estaban totalmente llenos parecía que los pájaros habían escapado en el momento en que se les estaba dando de comer, pero eso era poco probable, las aves estaban entrenadas para no huir de sus jaulas aún si se dejaban abiertas.</p>
<p style="text-align:justify;">No había de otra, no tenía tiempo para detenerse a pensar –ni lo quería- en qué había pasado aquí, por qué no había nadie aquí. De menos ya tenía los mensajes escritos, pero debía apresurarse a llegar al siguiente puesto de vigilancia.</p>
<p style="text-align:justify;">Bajó nuevamente, pero al ir bajando los escalones sintió nuevamente ese frío terrible. <em>¿Por qué no amanece todavía?</em> Se quejó para sí mismo, mientras abría y cerraba las manos buscando calentarlas. Se quitó los guantes y se frotó las palmas de las manos en lo que buscaba algo de beber para seguir su camino.</p>
<p style="text-align:justify;">La puerta de la cabaña se abrió se súbito y con el susto Harad dejó caer la botella de licor que había encontrado, la neblina comenzó a entrar en la cabaña y afuera el caballo relinchó, el manto blanco de la bruma parecía materializarse y el frío lo invadió, impidiéndole moverse, sentía cómo las manos comenzaban a cerrarse por cuenta propia y sin control alguno de su cuerpo cayó al suelo espasmódicamente, el estómago se le acalambraba, no podía ni hablar y en un grito sofocado por la agonía se retorció en el suelo mostrando solo el color blanco de sus ojos hasta que quedó inerte y sin vida.</p>
<p style="text-align:center;"><a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.5/mx/"><img class="aligncenter" style="border-width:0;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nc/2.5/mx/88x31.png" alt="Licencia Creative Commons" /></a><br />
Este obra está bajo una <a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.5/mx/">licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 2.5 México</a>.</p>
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		<title>DÍA</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Feb 2011 02:23:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rob</dc:creator>
				<category><![CDATA[Thyr]]></category>

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		<description><![CDATA[Este texto se extrae del relato de Thyr y, tanto este como subsecuentes textos, pueden tener o no seguimiento directo con las entradas del blog que están antes o después de los mismos. Gracias a quienes han dejado sus comentarios, los cuales contestaré con gusto. DÍA Todos los días gozaba de salir a pasear antes [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=robsainz.wordpress.com&amp;blog=3470035&amp;post=78&amp;subd=robsainz&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><em>Este texto se extrae del relato de Thyr y, tanto este como subsecuentes textos, pueden tener o no seguimiento directo con las entradas del blog que están antes o después de los mismos.</em></p>
<p><em>Gracias a quienes han dejado sus comentarios, los cuales contestaré con gusto.</em></p></blockquote>
<h1 style="text-align:center;">DÍA</h1>
<p style="text-align:justify;">Todos los días gozaba de salir a pasear antes de realizar sus labores en la huerta, pues a veces encontraba en las cosas más sencillas el empuje que le hacía falta para comenzar sus quehaceres. Día tomó una manzana de uno de los árboles de su propiedad y salió a caminar.</p>
<p style="text-align:justify;">Muchos se preguntaban cómo hacían Día y su madre para valerse por ellas mismas con la cantidad de bienes que producían, desde las manzanas, los licores o los deliciosos pasteles y pastelillos que adornaban todas las fiestas, grandes y pequeñas, del pueblo. Pero no les quedaba de otra, el padre de Día, Omot, había muerto hace varios años en un viaje camino a Limberd a vender sus productos. Desde entonces no había caravana que saliera de esa región sin protección suficiente contra los bandidos que gustaban de emboscar a quien se aventurara por los pasos montañosos que daban salida y entrada al valle donde Thyr se encontraba.</p>
<p style="text-align:justify;">Usualmente con caminar entre los manzanos le bastaba para enamorarse del trabajo que sus padres habían hecho hace tantos años al sembrar cada uno de los árboles con sus propias manos y cultivar cariñosamente cada manzana como si fuera un hijo propio. <em>Ojalá papá estuviera aquí</em> pensaba a diario, pues su madre no era la misma desde el día en que le confirmaron que Omot no volvería jamás a cuidar su huerta. Pero esta vez Día había decidido tomar una ruta alterna.</p>
<p style="text-align:justify;">Mordió la manzana.</p>
<p style="text-align:justify;">Caminó bordeando los límites de su propiedad por una vereda apenas visible entre los pastizales que daban lugar a las montañas que rodeaban las planicies donde se asentaba Thyr, después dobló un poco hacia el Oeste, en busca de uno de sus lugares preferidos que visitaba cuando necesitaba pensar en algo.</p>
<p style="text-align:justify;">Los suaves pastos eran preámbulo de una frágil línea de árboles que refrescaban la ribera del río. Siguió a contra corriente por el hilo de agua. Siempre le había parecido curioso cómo el río, a medida que se acercaba a la montaña, parecía correr más presuroso, como intentando alejarse rápidamente de esas nubosas cumbres.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando al fin llegó al claro donde una gran piedra se remojaba plácidamente en la ribera, las aguas del río habían dejado de ser un leve murmullo para convertirse en miles de voces que parecían hablarle, contarle historias en lenguas olvidadas por el tiempo. Subió a la piedra, descalza, y se recostó boca arriba para poder admirar el vaivén hipnótico de las hojas de los árboles y sentir cómo el rocío de la corriente le acariciaba la cara.</p>
<p style="text-align:justify;">Estando ahí siempre se le olvidaban sus preocupaciones o encontraba la forma de solucionar sus problemas de forma que se escapaban a su pensamiento en cualquier otro lugar. Era su fortaleza, el lugar donde nadie podía perturbarla, donde siempre encontraba la paz que le hacía falta. Además, era el lugar donde su Omot le había enseñado a Día a meditar, a pensar las cosas con calma.</p>
<p style="text-align:justify;">De cierta forma pensaba, en especial desde que su padre no se encontraba más con ellas, que era el lugar donde el espíritu de su padre rondaba y le aconsejaba qué hacer.</p>
<p style="text-align:justify;">El viento sopló y las ramas de los árboles bailaron con más intensidad dejando entrar la calidez del sol matinal que acarició las mejillas de Día, justo como lo hacía su padre cuando la despertaba por las mañanas. –Despierta, Lianna – solía susurrarle y no bastaba más que una caricia de sus manos cálidas para hacerla despertar.</p>
<p style="text-align:justify;">Minutos después de haber terminado la manzana se reincorporó, pero algo en el rabillo de su ojo no le cuadraba, algo que no había visto anteriormente, una extraña piedra más se recostaba en las riberas del río. <em>Habrá caído de las montañas, </em>pensó, pero era imposible, la única piedra más grande que una mano apuñada era sobre la que estaba sentada, los alrededores eran solo tierra, árboles y matorrales.</p>
<p style="text-align:justify;">Cerró los ojos un momento, para sacarse de la vista los pequeños puntos de luz que había dejado el sol en su visión y al abrirlos nuevamente fue como si un par de dedos fríos le recorrieran la espina dorsal. Se le erizó la piel. Un cuerpo se tendía sobre las costas del río, un hombre de ropas grisáceas y con mechones de cabello, oscuro como la noche, discurriéndole sobre la frente yacía inmóvil en el suelo.</p>
<p style="text-align:justify;">No recordaba en qué momento pasó de estar sentada a estar de pié, con una mano sobre la boca, aterrorizada. No sabía qué hacer, si salir corriendo a pedir ayuda, si gritar, si soltarse a llorar. Cerró los ojos de nuevo e inspiró profundamente, pero poco ayudó para calmarla, si alguien había asesinado a ese hombre, podría estar por ahí todavía, sintió nuevamente cómo el miedo invadía todo su ser.</p>
<p style="text-align:justify;">Abrió los ojos y, cuando volvió en sí, se dio cuenta que ya estaba a pocos pasos del cuerpo, sintió cómo su vista se nublaba con las lágrimas que le comenzaban a brotar. Volvió a cerrar los ojos. Inspiró y suspiró. <em>¿Por qué sigo aquí, por qué sigo viéndolo, por qué me acerco?</em> Abrió los ojos nuevamente y notó que el cuerpo no estaba tan inerte como había pensado, el hombre respiraba pesadamente y sus ojos estaban cerrados con fuerza, como negándose a abrirlos nuevamente.</p>
<p style="text-align:justify;">La corriente comenzaba a despegar al hombre de la orilla, Día corrió presurosamente y lo sacó del agua. El hombre no era tan pesado como sugería su estatura, horrorizada se dio cuenta que el cuerpo que había sacado del agua estaba en los puros huesos y la piel arrugada por la humedad, como la piel de una manzana que se ha dejado olvidada por semanas sin ser consumida.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo arrastró hasta un claro, pasando los árboles, donde la luz del sol pudiera calentarlo, lo recostó boca arriba y sin reparar en que no se había puesto los zapatos nuevamente corrió de vuelta hacia su casa para buscar ayuda.</p>
<p style="text-align:center;"><a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.5/mx/"><img class="aligncenter" style="border-width:0;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nc/2.5/mx/88x31.png" alt="Licencia Creative Commons" /></a><br />
Este obra está bajo una <a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.5/mx/">licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 2.5 México</a>.</p>
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		<title>UN PAISAJE GRIS</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Feb 2011 22:15:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rob</dc:creator>
				<category><![CDATA[Thyr]]></category>

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		<description><![CDATA[Este texto se extrae del relato de Thyr y, tanto este como subsecuentes textos, pueden tener o no seguimiento directo con las entradas del blog que están antes o después de los mismos. Gracias a quienes han dejado sus comentarios, los cuales contestaré con gusto.&#160; UN PAISAJE GRIS El sol se levantaba tímidamente al este, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=robsainz.wordpress.com&amp;blog=3470035&amp;post=69&amp;subd=robsainz&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><address><em>Este texto se extrae del relato de Thyr y, tanto este como subsecuentes textos, pueden tener o no seguimiento directo con las entradas del blog que están antes o después de los mismos.</em></address>
<address> </address>
<address><em>Gracias a quienes han dejado sus comentarios, los cuales contestaré con gusto.</em>&nbsp;</p>
</address>
</blockquote>
<h1 style="text-align:center;">UN PAISAJE GRIS</h1>
<p style="text-align:justify;">El sol se levantaba tímidamente al este, y su marea de luz anaranjada y amarilla coloreaba las nubes del firmamento con matices, desbordándose sobre las copas de los árboles, tiñéndolos de diferentes colores cobrizos a medida que avanzaba por el día. Las nubes que corrían presurosas en el cielo parecían huir de aquellos parajes, alentadas por el viento matinal. Mientras caminaba entre los helechos y los matorrales, los insectos inundaban la atmósfera con sus chirridos y el batir de sus pequeñas alas, que en la inmensa calma y el abrumante silencio que sostenía el bosque, hacían sentir que los ruidos prevenían de todos lados al rebotar en cada tronco y cada roca resonando una y otra vez hasta perderse entre la espesura de los pinos.</p>
<p style="text-align:justify;">Sus pasos retumbaban en el ambiente al abrirse camino entre las hojas que habían varado en el suelo, acompañadas con frutos secos y ramas quebradas. Vio un paraje que se abría después de que una multitud de árboles perdía espesura y en éste un puñado de fogatas apagadas. Llegó cerca de ellas y se aproximó a un grupo de hombres apretujados unos contra los otros, de los cuales unos diez estaban despiertos y los demás aún intentaban despabilarse, iban vestidos con cotas de malla cubiertas por unas camisolas grises que portaban águila con las alas desplegadas y la cabeza de perfil, el Águila de Gar’dulmar, en el pecho.</p>
<p style="text-align:justify;">—No te alejes tanto – dijo Thyaroz, mientras le lanzaba una pequeña bolsa de tela amarrada con un lazo de lino—, come un poco pues levantaremos el campamento pronto y con suerte nos uniremos a nuestros hermanos que están más hacia el noreste, más allá de este pequeño bosque. Necesitamos llegar hoy antes del anochecer, antes que los refuerzos del enemigo lleguen y nos encontremos en franca desventaja —farfulló mientras amarraba una espada larga a su cintura y colgaba en su hombro derecho un pesado escudo de madera con rebordes metálicos tachonados y que ostentaba en el centro la misma águila que portaban en el pecho pintada.</p>
<p style="text-align:justify;">Le alcanzó un cubilete de madera a Laethar y le sirvió un brebaje que portaba en un cuero de ciervo para después, sin miramientos, beber directo del bule.</p>
<p style="text-align:justify;">—Toma con calma, chico, esto te ayudará a despejar la mente y te desperezará el cuerpo. Vamos que se hace tarde —Laethar sintió como el licor raspaba contra su garganta, pero su sabor y olor penetrante le hicieron recobrar los ánimos.</p>
<p style="text-align:justify;">En silencio, el grupo de hombres se levantó del suelo terregoso y comenzaron la marcha. Algunos de ellos no cargaban escudos ni espadas, sino que cargaban arcos o ballestas, mientras otros tantos iban montados a caballo. Todos en total sumaban unos quinientos hombres.</p>
<p style="text-align:justify;">Al frente de ellos iba uno que seguramente era el líder, pues portaba, en vez del camisón de tela, un pesado peto de placas de acero lustrado y brilloso que cubría con una capa para que no brillara a contra luz y evitar así llamar la atención, cosa difícil de hacer con un contingente tan voluminoso.</p>
<p style="text-align:justify;">Caminaron por el bosque durante varias horas hasta que los árboles comenzaron a dispersarse. El calor del día atormentaba a Laethar bajo la cota de malla y no imaginaba cuánto estaría sufriendo aquel hombre con la armadura completa; seguramente estaría asándose como un trozo de pescado ahumado. La espesura de los árboles y los pesados arbustos dejaron libre el paisaje para tímidos helechos rodeados por pastos cortos y verdes, con pequeñas depresiones que daban variedad a aquellos parajes.</p>
<p style="text-align:justify;">Era difícil mantener la marcha después de cerca de seis horas de caminata sin descanso, mas con tanta indumentaria a cuestas. Los pies le punzaban y las piernas le temblaban del cansancio, quizá aquella caminata en el bosque –pues no podía dormir – le había hecho una mala jugada. No había descansado. Ahora los ojos le dolían y la cabeza se le ladeaba del sueño. Le era imposible mantenerse de pie y con un mal paso, tropezó y comenzó su descenso. Estaba cayendo.</p>
<p style="text-align:justify;">Thyaroz que se encontraba junto a él en la compañía de soldados que iban a pié, logró ver como se tambaleó, trastabilló y comenzó a caer. Dio un paso largo y tomándole por debajo de los brazos logró evitar que golpeara en el piso como un árbol talado por un leñador.</p>
<p style="text-align:justify;">—¿Estás bien? —le preguntó Thyaroz mientras le daba de beber nuevamente con su cuero de ciervo al tiempo que lo sentaba en el suelo.       Laethar tragó dificultosamente y volvió abrir los ojos.  —Levántate poco a poco, no te apresures  —le ayudó a reincorporarse y seguir la caminata.</p>
<p style="text-align:justify;">Después de ese incidente comenzó a caminar con más pesadumbre en los pies y con más dudas en cada paso que daba, sentía como si nuevamente estuviera aprendiendo a caminar,  el paisaje daba vueltas y se sentía desorientado. Pero estaba determinado a no quejarse ni mucho menos volver a caer.</p>
<p style="text-align:justify;">Luego de otro par de horas, el aburrido paisaje cambió, se tiñó del azul claro y se ambientó del suave correr de un tímido riachuelo que atravesaba la pradera. La compañía entera se detuvo por unos instantes a beber y refrescarse del agua que corría por aquel torrente azul, se lavaron y se dispusieron a seguir con la caminata. El agua seguramente le había reanimado el alma a Laethar, pues la pesadumbre de los pies se le había olvidado, pero el sol que caía frente a ellos no le hacía las cosas más sencillas.</p>
<p style="text-align:justify;">—¡Hombres! —gritó quien vestía con armadura completa e iba al frente, su pelo cano se dejaba bañar en los rayos dorados del sol que se colaba entre las nubes—. Estamos a no más de un par de horas de reunirnos con nuestros hermanos que tuvieron la desdicha de encarar al enemigo y quiero que todos den lo mejor de sí. Las cosas no serán fáciles, pero si apresuramos el paso podremos llevar la ventaja a nuestro lado. No sabemos qué estrategias siga el enemigo, pero seguro podremos con esa escoria.</p>
<p style="text-align:justify;">»Ahora —cerró los ojos, tomó aire y levantó el brazo derecho empuñando la mano y volvió a abrir los ojos— deberemos ser implacables y no mostrar temor ni debilidad en ningún momento. Debemos infundirles un miedo tal, que saldrán corriendo al momento de vernos a los ojos—. Aquel hombre volvió su brazo derecho hacia su cintura y desenvainó una espada que traía colgando y la levantó apuntando hacia el horizonte— ¡Vamos!</p>
<p style="text-align:justify;">Los pasos caían como gotas de lluvia sobre el concierto de chispas y reflejos de matices dorados en que se había convertido aquel riachuelo. Laethar sintió que la fuerza poblaba su espíritu y siguió caminando, dejando de lado el cansancio y el horror que suponían para él el simple hecho de seguir despierto. No era de extrañarse, pues aunque fuese hijo de un gran guerrero, él jamás había vestido indumentaria de guerra, ni mucho menos había caminado tanto en toda su vida. Al menos no en un sentido tan riguroso y con tan poco descanso.</p>
<p style="text-align:justify;">Más delante del valle adornado con piedras sobre las que discurría el riachuelo, se distinguía un paraje yermo y sin vida, había un pequeño cerro que terminaba en una depresión, una suerte de desfiladero donde los pastos grises que habitaban más allá del riachuelo, tenían miedo de crecer. Al parecer solo las piedras se daban el lujo de habitar en aquel paisaje desolado.</p>
<p style="text-align:justify;">Allí llegó la compañía de Laethar y se detuvieron estupefactos para presenciar lo que acontecía en ese paisaje desalentador:</p>
<p style="text-align:justify;">Se desencadenaba una cruenta batalla entre una multitud de hombres vestidos como Laethar y una cantidad de criaturas horrendas, que profanaban gritos, chillidos y gruñidos al abalanzarse sobre su enemigo, o caer al suelo pesadamente; Vestían precariamente, apenas con unos pedazos de pieles y blandían en sus manos pedazos de madera, huesos o armas roídas por la herrumbre.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando salieron del estupor de aquella primera impresión, siguieron corriendo, dejando a la compañía dividida en varios contingentes: la infantería, la caballería y los arqueros y ballesteros. Los primeros se unieron a la fila de hombres que sostenían la hueste enemiga a raya; los que podían atacar de lejos, lo hacían intentando evitar que una masa mayor de enemigos chocaran contra su primera contención; mientras que los que iban montados –un pequeño grupo de apenas cincuenta jinetes– eran los únicos que contaban con esta ventaja del lado de Laethar, montaron a toda velocidad y en una pequeña abertura entre sus hombres, arremetieron de tal manera que sus enemigos parecían aquel leve rocío que brota del pelambre de un oso cuando se quita la humedad de encima.</p>
<p style="text-align:justify;">—¡Los Hombres de Henneden! —gritó uno de los que ya estaban en el campo de batalla, apuntando hacia aquel hombre de armadura que llevaba el liderazgo del grupo de hombres entre los que están Laethar y Thyaroz y con renovados bríos chocaron sus escudos en contra del ejército enemigo.</p>
<p style="text-align:justify;">Estaban en franca desventaja numérica, pues fácilmente aquellas viles criaturas los superaban en proporción de tres a uno, sin embargo aquellas fuerzas carecían de estructura o estrategia. Henneden era reconocido por esto mismo, era un estratega brillante y sabía aprovechar las ventajas de sus fuerzas y explotar al máximo las debilidades del enemigo, cosa que no dejaría de hacer en esta batalla.</p>
<p style="text-align:justify;">Los caballos siguieron haciendo mella en la hueste enemiga, a quienes aplastaban como hojas caídas en un bosque otoñal. Atravesaron al primer bloque de infantería enemiga y se dispusieron a desarmar el bloque de precarios arqueros que se erguía ahora frente a ellos, éstos al ver la armadura reluciente de Henneden empapada de dorado creyeron ver que se envolvía en fuego y aterrorizados soltaron sus armas y dando media vuelta huyeron como si fueran perseguidos por el demonio mismo.</p>
<p style="text-align:justify;">La tímida línea de hombres que impedía que el enemigo avanzara sintió alivio al ver a los arqueros correr y comenzaron a empujar al enemigo con los escudos para luego estocarlos con sus espadas y poco a poco los fueron aminorando, hasta que solo unos pocos quedaron. Intentaron huir, pero la caballería se les venía de frente y terminaron con ellos tan pronto que para cuando el sol se escabulló entre las montañas, Henneden y sus hombres ya estaban preparando una empalizada, montando un pequeño campamento en lo alto de un cerro que dejaba ver en derredor de aquel desfiladero de piedras grises, ahora con retoques carmesí de la sangre del enemigo.</p>
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